4 de septiembre de 2020 – 10 de enero de 2021

Comisario
Mikel Lertxundi Galiana

La exposición permite recorrer cinco décadas de la producción de Juan Luis Goenaga (Donostia/San Sebastián, 1950) y advertir que ha articulado una voz siempre genuina. Desde que en 1969 se asentara en Alkiza mostró su necesidad de expresar su inmersión en una naturaleza misteriosa, en muchos casos vinculada a la herencia ancestral. Esta exploración, la médula de su obra, ha tomado formas diversas. Sin embargo, a lo largo de las décadas Goenaga se ha permitido tomar desvíos argumentales para investigar la figura, el medio urbano —alternativamente vitalista y sombrío—, y un erotismo sincero.

Así, pese a esa clarividencia y ese interés constante, Goenaga no ha desarrollado una carrera inmutable, sino que se ha mostrado capaz de explorar caminos, e, incluso, en ocasiones, de contradecirse; de alternar entre la monocromía y el entusiasmo por el color; entre la reclusión en Alkiza y la necesidad de respirar mundo; entre naturalismo, informalismo y su predominante esencia expresionista.

La exposición se articula en siete espacios ­—seis dispuestos en orden cronológico y un último independiente, centrado en su producción sobre papel— que permiten descubrir la diversidad y la coherencia de una obra en la que se entrelazan el contacto directo con el paisaje, los emplazamientos y la historia subyacente en ellos, las lecturas científicas y literarias, las vivencias personales y el acervo cultural y artístico. Profundamente identificado con los creadores del pasado, asimila aquellos conceptos o recursos que se adecúan a su sentir, y los condensa en su propia obra con libertad. Ver, interpretar, rumiar y expresar, son, en definitiva, los fundamentos de un proceso creativo dirigido a manifestar una realidad más significativa.

Goenaga no crea para agradar al espectador, sino para satisfacer su propia necesidad de dar salida a todo aquello que inquieta su percepción. Como a otros creadores de su generación, ello le ha permitido transitar de forma espontánea entre abstracción y figuración. Los límites entre ambas son, en muchos casos, difusos, y una misma obra puede recorrer ambos caminos en una concepción que puede extenderse en los años. Goenaga añade capa sobre capa, como en definitiva sucede en el arte rupestre, en el que el trabajo de sucesivas generaciones se superpone para revelar una percepción más intensa y penetrante del mundo.

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